LA FOTOGRAFIA, COMO REGISTRO La fotografía periodística es aquella donde la imagen como registro de la memoria colectiva tiene mayor incidencia. Elaborada en función al espectador, en nuestro país, su desarrollo ha contado con momentos estelares al ejercer su papel como documento histórico.
El reporterismo gráfico moderno comienza precisamente a raíz de la muerte del dictador Juan Vicente Gómez en 1935, donde la noticia y el suceso cobran fuerza como expresión visual que sirve de testimonio al momento que se vive.
A la caída de la dictadura de Pérez Jiménez, en 1958, se opera un cambio en la imagen periodística y Venezuela entra en un nuevo período de libertad de prensa. Las fotografías de crítica y denuncia regresan al periódico -luego de una larga etapa de restricciones y manipulaciones comunicativas-, y prevalece en la noticia un ánimo de renovación política y social
Pero serán hechos muy concretos, como los sucesos acontecidos en febrero de 1989, cuando el recurso de la imagen fotográfica devela esa otra posibilidad de mirar el hecho histórico, el suceso en toda su magnitud, cambiando el protagonismo que hasta entonces le había sido otorgado exclusivamente a un sector específico de nuestra sociedad.
Pero serán hechos muy concretos, como los sucesos acontecidos en febrero de 1989, cuando el recurso de la imagen fotográfica devela esa otra posibilidad de mirar el hecho histórico, el suceso en toda su magnitud, cambiando el protagonismo que hasta entonces le había sido otorgado exclusivamente a un sector específico de nuestra sociedad.
Fotógrafos de la calidad de Francisco Solórzano “Frasso”, Sandra Bracho, Jacobo Lezama, Luis Bisbal, Douglas Blanco, Oswaldo Tejada, Tom Grillo y muchos otros tantos construirán el relato de nuestra contemporaneidad informativa, testimonio ineludible de la marginación de vastos sectores sociales aún no integrados a ningún proyecto nacional. No son “instantáneas” ni momentos únicos e irrepetibles sino lo contrario: es la vida diaria repetitiva y agotadora, sin salida, deslizándose por caminos y vías oscuras, largas, inconmensurables. Son las imágenes de un “sueño” americano convertido desde hace décadas, tal vez siglos, en pesadillas.
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